viernes, 30 de marzo de 2012

MAESTRO DE ESCUELA "EN EL FRAGOR DE LA BATALLA"

Invitación a "visitar" Archivos adjuntos.

DOCUMENTOS Nº 19 y 20: Literatura y compromiso. Memorial de mi paso por la pupilería.

Recordando al poeta y sus "batallas". Aula Antonio Machado, Baeza.

        Un escrito de tanta altura como Antonio Machado "lidió" con la palabra y su compromiso, y con los alumnos y sus circunstancias. De ahí que su nombre y aula me hayan salido al paso de la memoria cuanto reseño estos documentos que ahora van, e incluyo mi presencia en su aula de Baeza..

        El Documento número 19 de mis Archivos adjuntos es un ensayo sobre la función del escritor, de 34 páginas, donde abogo por la necesidad del "compromiso" que éste tiene en primer lugar con la calidad artística, al tiempo que es importante su compromiso social, y revierta en lo que produce. Ilustro el trabajo con textos contemporáneos de autores españoles y portugueses, mostrando fragmentos de obras sobradamente conocidas.

        El Documento número 20 es una novela corta ("Memorial de mi paso por la pupilería", 71 páginas) que escribí hace al menos 30 años y que revisé recientemente. Una especie de "Libro de memorias", en el que doy cuenta -literariamente, tratando de atenerme a las tesis del trabajo anterior- de los avatares cotidianos surgidos en la labor docente y su entorno. Los problemas profesionales; las relaciones entre los maestros, con sus filias y sus fobias; el batallar de y con los alumnos; la interferencia de padres y familiares; acciones y actividades extraescolares y su amplio anecdotario... Todo ello en un Centro de más que difícil desempeño, en zona urbana marginal, donde las miserias sociales se suceden y explota en la escuela.

        La escritura trata de acercarse estilísticamente al modelo picaresco del siglo XVII, así como a los informes de los cronistas de Indias, pues algo tiene de picaresca y de aventura incógnita el batallar diario en centros que reciben a tantos niños y jóvenes de familias desestructuradas y...bastante necesitadas económicamente, hasta el punto de que cierto número tienen como objetivo principal servirse del comedor escolar, único lugar donde se les garantiza la comida.

jueves, 29 de marzo de 2012


Abaluartados de La Raya: Proyecto Hispano-Portugués a plazo inmediato 


Abaluartado oliventino: defensa portuguesa y española sucesivamente


digitalextremadura.com


Miércoles, 28 marzo 2012
Moisés Cayetano Rosado 

        Aún sigue siendo raro encontrar en los libros de Historia del Arte referencias aceptables al Patrimonio Monumental Abaluartado en general y al que atesoro la Raya hispano-portuguesa en particular. Tampoco las guías turísticas de las poblaciones que lo atesoran le suelen prestar la atención que se merece. No es el caso del patrimonio religioso, civil o militar de la antigüedad y del Medievo, que tienen una atención relevante en estudios y folletos publicitarios de ciudades, comarcas, regiones y países, con toda justicia, desde luego.

        ¿Por qué ocurre esto? Porque esas poderosas fortificaciones de la Edad Moderna unas veces han sido destruidas parcial o totalmente para expandir los núcleos poblacionales y dotar de infraestructura viaria a las ciudades: la maquinaria defensiva abaluartada es muy aparatosa y ocupa un espacio inmenso. Porque el mismo hecho de ser construcciones ocultas en gran medida al exterior por glacis -terraplenes inmensos con los que defender las fortificaciones contra la artillería- le resta vistosidad exterior, al tiempo que el interior sufría el adosamiento de construcciones a las murallas. Y también porque la “fuerza de la costumbre” nos ha hecho “fijarnos” artísticamente en los elevados y vistosos muros verticales de las fortalezas de la Antigüedad y Medievales, tan airosas y singulares: es algo así como la prestancia de la garza al lado de la discreción del buey de mar, por muy gigantesco que éste sea. Y como un cangrejo, complejamente articulado, es una fortificación abaluartada, un “patito feo” de impresionante hermosura al ponerlo en su justo valor.

        Pues bien, en ninguna parte del mundo hay una profusión de Patrimonio Monumental Abaluartado como en la Raya hispano-portuguesa, dados nuestros continuos enfrentamientos en la Edad Moderna y comienzos de la Contemporánea. Ni tantas “escuelas artísticas” interviniendo: holandesa, italiana, francesa, de síntesis…

        Todo esto se está ya valorando y tímidamente los manuales de arte y las guías turísticas lo introducen. No en vano se trabaja para su consideración como Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, lo que hace no más de dos años parecía claro -que hay que ir unidos a la petición de esa declaración-, ahora está peligrando. Y parecía claro porque el sentido de singularidad, densidad, ejemplaridad, coherencia, autenticidad y valor histórico-artístico que exige la UNESCO lo tiene el conjunto en sí: nada se concibió de manera separada sino como “cremallera” defensiva; no es un bastión de resistencia cada construcción aislada del contexto general, sino que ese contexto geográfico e histórico lo justifica. Ello le da singularidad y coherencia colectiva. Y la densidad extraordinaria de las construcciones (docenas a un lado y otro de la Raya) le aporta un valor único como “lectura” histórica y recreación artística, realmente inigualable. Únase la importancia de las sucesivas aportaciones técnicas de las distintas escuelas de fortificación, que van a ser un “ejemplo exportado” a otras latitudes, especialmente a la América Latina.

        Y ahora peligra por falta de suficiente acuerdo “intermunicipal”: hay proyectos que singularmente están en avanzada fase de presentación ante la UNESCO, como es el caso de Elvas (que ya se contemplaba en la Lista Indicativa portuguesa de este organismo), o pueden ser los de las también portuguesas Valença do Minho al norte, Almeida frente a Ciudad Rodrigo (que logró colocar el conjunto en la Lista Indicativa española, pero luego apenas ha realizado mayores gestiones) y Marvão- frente a Valencia de Alcántara-. ¿Qué se ha de hacer? Retomar la unión.

        Ya lo dijo la Presidenta del ICOMOS en España (organismo consultor de la UNESCO para estas declaraciones patrimoniales), María Rosa Suárez-Inclán Ducassi, en unas Jornadas Técnicas Transfronterizas celebradas en Badajoz en marzo de 2007: “Nuestros dos países tienen ya mucho Patrimonio Mundial clasificado y es difícil conseguir más nominaciones por separado. Pero son muy factibles las candidaturas conjuntas, en serie y por etapas (o sea, comenzar por presentar las ciudades con mejor patrimonio y mayor grado de rehabilitación del mismo, al que se unirían sucesivamente las demás)”. El momento es crucial. La conciencia de su valor patrimonial está creada; el grado de restauración en las principales va muy avanzado; el deseo de los representantes políticos (los que han de dar el primer paso) es claro en cuanto a conseguir el objetivo de la declaración patrimonial. Solo falta ponerse de acuerdo.

        Alguien debe tomar la decisión de volver a reunir a todos los interesados: hacer un documento conjunto de intenciones; presentar los estudios técnicos correspondientes; unificar criterios, objetivos, contenidos y metodologías. Por parte española los interlocutores han de ser las Comunidades Autónomas de Galicia, Castilla-León, Extremadura y Andalucía -con el respaldo del Gobierno Central, desde luego-; por parte portuguesa, al no haber autonomía regional, el propio Gobierno de la Nación, defendiendo los intereses de las regiones naturales de Minho, Tras-os-Montes, Beira interior, Alentejo y Algarve. Contando, claro, con la participación en primera línea para los acuerdos de las poblaciones con fortificaciones abaluartadas.

        ¿Cuándo comenzar las gestiones? Ya. En esta misma primavera. Antes de que comiencen las deliberaciones de la UNESCO, que en verano da a conocer sus decisiones, y pueda rechazar a expedientes locales que se presenten, enturbiando actuaciones posteriores. ¿Quién debe tomar la iniciativa para ese trabajo colectivo? Cualquiera de los interlocutores más arriba citados. Personalmente, así se lo dije hace ya unos cuatro años al anterior Presidente de la Junta de Extremadura, para que él mismo lo liderara. No tuve éxito. Ahora puede ser de nuevo el momento para hacerlo.

MOISÉS CAYETANO ROSADO
moisescayetanorosado.blogspot.com

martes, 27 de marzo de 2012


CASTELAO: Guerra, miseria, emigración

Tras sacar a la luz mi foto familiar sobre el retorno desde el “sueño americano” -que coincidió con el inicio de nuestra Guerra Civil, en medio de un ambiente social de miseria y desolación-, me han venido a la memoria los dibujos del médico, político, escritor, pintor, hombre comprometido con el Hombre que fue Castelao.

Pocos intelectuales han profundizado con tanta agudeza y descarnado realismo como Alfonso Daniel Rodríguez Castelao en la tragedia de la guerra y la miseria que azota a la gente más sencilla. Y menos los que han mostrado la terrible cara del desamparo, el duro revés del fracaso en aquellos que marcharon llenos de ilusiones a una emigración que les pintaron repleta de promesas y los devolvió sumidos en la desolación, heridos de muerte,  a su lugar de origen, donde se encontrarían con la inmensa tristeza de los suyos.

 Nacido en Rianxo (Galicia), en 1886, Castelao -que murió exiliado en Buenos Aires, en 1950- nos ha dejado unas viñetas imprescindibles para comprender -con sus “fogonazos”- plenamente nuestra historia de finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. Entre todas, selecciono cuatro para mostrarlas y comentarlas brevemente aquí:


La “Mujer recogiendo a un fusilado en la Guerra Civil española” es una estampa de aire neobarroco estremecedora. Como una “Piedad” de nuestros escultores vallisoletanos, el joven fallecido presenta un escorzo suave que deja su cuerpo como signo de interrogación, quedando un hocino (herramienta de trabajo) debajo de su mano, por encima de la cual está -cerrada en puño- la de la mujer que le sostiene. “Esta door nom se cura com resiñación”, escribe al pie, con frase lapidaria y reflexiva como todas las suyas.

¿Por qué lucharía el joven desafortunado? Mirando  otra viñeta  (“Non soñan máis que cando dormen”), podemos explicarlo: porque quiso transformar sus sueños en realidad. Sacudirse la miseria que atenazaba a los suyos, expresado en el dibujo también con trazos diagonales y un claroscuro expresionista que nos comunica, en las dos figuras humildes -padre e hijo, seguramente- cuánto abandono y cuánta injusticia les envuelve.


Y ese abandono, esa injusticia, esa miseria, llevó a la búsqueda de un porvenir mejor en una emigración transoceánica que arrasó pueblos y comarcas, toda la Galicia natal de Castelao, toda la Cornisa Cantábrica, España, Europa entera… “En Galiza non se pide nada. Emígrase”, pone en la base del dibujo donde una innumerable masa de personas camina hacia la incógnita del nuevo destino, entreviéndose en primer plano una desgarrada despedida.


Pero en la mayoría de los casos, los largos años de penalidades en la emigración solo traerán fracaso y un regreso donde no suenan las trompetas triunfales sino campanas de agonía.

De las muchas viñetas que sobre el retorno oscuro y trágico publicó Castelao, una de las más desgarradoras presenta a la madre anciana, resignada, cadavérica, escuchando a su hijo, con aspecto más lúgubre aún, que le dice: “Eu non quería morrer alí, ¿sabe miña mai?”. Un pequeño crucifijo en la pared, varios frascos en la ventana y la vestimenta de Ultramar colgada como  inservible espantapájaros de un clavo, son testigos de su amargura y del fracaso.

De ahí la lucha, de ahí el círculo de esa tragedia en la vimos la muerte del miliciano -recogida como ofrenda por aquella mujer que le sostiene- y aquí se cierra con la madre impotente ante el hijo postrado en la cama, perdida su mirada, muerto ya mismo también como el guerrero soñador.

¡Soñadores todos de un mundo justo que no llegaron a alcanzar!

domingo, 25 de marzo de 2012


RETORNO DESDE LA EMIGRACIÓN TRANSOCEÁNICA

Creo que me parezco a mi padre. Y mis hijos. Y sobre todo mi nieto mayor.
Mi padre pisó por primera vez suelo español con doce años. Ahí, en la foto, está con su familia (sus padres y su hermana, más unos parientes que les despedirían) en el puerto de Buenos Aires. Allí embarcaba en 1936 para no volver nunca a su país de origen, para no ver ya jamás a sus tíos maternos, sus primos, sus amigos de infancia… Para no cabalgar ya por la Pampa llevando la leche a las haciendas cercanas, ni ver a los vecinos, tan apuestos, con sus pistolas en el cinto…

 Había marchado mi abuelo veinte años atrás en busca de fortuna, al canto de sirena de unos parientes anteriormente instalados, pero no resultó; antes llegó mi abuela, con sus familiares, cuando apenas si tenía dos años. Y allí se conocieron, en la provincia de San Luis. Y batallaron hasta que desde España los padres de mi abuelo les sufragaron el regreso: los “sables” se alzaron cuando el barco que está detrás de ellos en la foto surcaba el océano. Llegarían a una nación ensangrentada, desde el país del trigo que aquí difícilmente podrían cosechar.

¡Qué escándalo provocó, por lo visto, el toque modernizante del sombrero de mi abuela en nuestros pueblos atrasados! ¡Y qué risa entre los muchachos de su edad el acento argentino de mi padre, al que le hacían hablar de continuo, entre burlones y admirados! Esas caídas cadenciosas, el llamarles de “usted”…

Me contaba hace pocos años uno de los primos de mi padre, en una visita que hice a la Argentina, cómo su madre -hermana de mi abuela- esperaba la carta mensual que desde el pueblo extremeño de adopción le enviaba. ¡Y cuánto se angustiaba si había algún retraso en el correo! Siempre pensando en esa carta, en unos tiempos en que el teléfono era mera utopía, y luego tan caro y de tan difícil conexión entre pueblos perdidos y de infinita lejanía… Noticias de la lucha por la vida, y después de las muertes familiares que nos traían un luto impotente y vacío…

Con Rosa María y mi tío en Buenos Aires.

Mi padre siempre recordó su infancia, sus correrías por las planicies gigantescas, el rancho, el afanoso trajín de sus mayores. Y mi abuela, ya muy anciana, cuando estaba muriéndose, recordaba el frío que de niña pasó atravesando los Andes (llegó con su familia por Chile -proyecto frustrado- al lugar de promisión). “¡Qué frío, qué helado es el aire de los Andes!”, repetía ochenta años después de padecerlo, entre mantas y el calor de la habitación de su agonía…

¡Cómo se le saltaban las lágrimas a mi tío en Buenos Aires cuando hablamos de estas cosas! Hoy, las distancias son otras, aunque la ausencia siempre es dolorosa. Pero el avión, los teléfonos, los correos electrónicos, las redes sociales, la conexión con vídeo… suavizan las distancias. Aunque… siempre la emigración forzada es una losa que se arrastra, y la añoranza una espina que se clava y no podemos sacarnos con la facilidad con que parece: punza los nervios y nos deja en los huesos el dolor.

sábado, 24 de marzo de 2012


EL NIÑO DE LA BICICLETA.


Acabo de ver una película dura. Una película de desamor, donde la mano tendida del cariño mezclado con la compasión es rechazada desde la rebeldía de sentirse solo y despreciado. Es "El niño de la bicicleta", un film de Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne (dirección y guión), coproducción franco-belga-italiana, de 2011, ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes.

                          Rodada en exteriores urbanos y planos medios, fundamentalmente, nos cuenta la lucha de un niño al que su padre ha abandonado en un centro de acogida, con el engaño de recogerlo en un mes. Pasa el tiempo; no se cumple la promesa y el niño se escapa reiteradamente buscando al padre, encontrándolo con la ayuda de una joven peluquera, decidida a acogerlo los fines de semana. El encuentro con un padre frío que lo rechaza le hace indisponerse con todo lo que le rodea y aferrarse a su bicicleta, único vínculo con el pasado: bicicleta que el padre había vendido y su protectora rescata, recomprándola.

Nuevas insistencias en el encuentro con el padre. Más rebelión en el centro de acogida y con su "madre adoptiva", la cual finalmente lo lleva a vivir a tiempo completo con ella, habiendo de renunciar a su pareja, ante las desavenencias del chico con su novio. Pandillas callejeras que lo captan. Delito de robo con agresión. Situación al borde del abismo, finalmente resuelto por la enorme entrega de la nueva madre sin que el final nos deje la tranquilidad de una integración social consumada. Pocas sonrisas, muchas miradas encendidas del joven angustiado, autolesiones, violencia con los que le rodean, explosión de ira ante una vida resquebrajada: únicamente la nueva madre la intentará recomponer.

                         Cine, como casi todo lo que nos viene filmado de Francia, pausado, distendido a pesar del drama, armonioso pese a la violencia y los traumas, aleccionar por lo que supone de rescatar a un niño encaminado hacia la perdición a la velocidad de su bicicleta disparada por las calles.
Magnífica interpretación del muchacho transmitiéndonos sus angustias de forma descarnada en los gestos, la mirada sin concesiones, su búsqueda del poco de felicidad nunca hallada, aunque al final se atisba el rayo de esperanza.
(Publicado inicialmente en el blog  laestanqueradeamarcord.blogspot.com)

viernes, 23 de marzo de 2012

Invitación a "visitar" Archivos adjuntos.

DOCUMENTOS 17 Y 18: Libros de viaje.

Praça do Comerço. Lisboa.

        Los Documentos  17 y 18 de los Archivos adjuntos de este blog corresponden a dos libros de viajes que publiqué en distintas revistas el primero y en revistas y un libro, editado por el Gabinete de Iniciativas Transfronterizas de la Junta de Extremadura, el segundo.
        Ese primero, es un libro inconcluso (de una parte los viajes solo acaban cuando uno "acaba", y de otra, dejé de publicar visitas a ciudades por emprender otras tareas, y luego ya abandoné el proyecto: puede que alguna vez lo retome). Lleva por título "La huella del viajero" y en trabajos cortos se relatan las impresiones artísticas, paisajísticas, culturales, gastronómicas... de distintas ciudades de Europa, norte de África y América, con alguna reseña histórica y urbanística.

        Parecido es el método empleado en el segundo: "Un paseo por la Raya", donde voy haciendo un recorrido fundamentalmente por pueblos y ciudades de Extremadura, Alentejo y un acercamiento a lugares turísticos del sur de Lisboa, procurando dar cierta continuidad a una ruta que se puede hacer seguida, pero que también se puede escoger puntualmente (poblaciones o entornos determinados).

Recinto amurallado de Olivenza.

        Creo que ambos tienen la utilidad de ser una "guía de viajero" subjetiva, pero con los elementos objetivos suficientes como para que pueda serle válida a cualquier amante de los viajes. Entren, por tanto, en los documentos y elijan a su gusto el lugar a conocer, reconocer o contrastar con sus experiencias personales.

jueves, 22 de marzo de 2012

Ensuciar la Naturaleza
digitalextremadura.com Jueves, 22 marzo 2012.

 Moisés Cayetano Rosado 


Ripios y muebles arrojados en zona periurbana de Badajoz


        Comentaba la semana pasada la incomprensible tendencia de algunos “ciudadanos” a ensuciar la calle, arrojar todo tipo de desperdicios a la misma, a pesar de considerar ese espacio común como propio. Por esto último, nos escandalizamos al recordar aquella frase de Manuel Fraga Iribarne: “la calle es mía”. ¡No!, de todos, como la tierra en la canción de Víctor Jara: “Que la tierra es mía, es tuya, de aquél, de Juan y María, de Pedro y José”. ¿Pero entonces, por qué la tratamos como a un estercolero incontrolado? ¿Hacemos lo mismo en “nuestra” casa? No ha servido para mucho el artículo, porque sigo viendo lo mismo en los mismos lugares. ¡No vean el ejemplo de padres arrojando escupitajos, cáscaras de pipas, colillas de cigarro, papeles, bolsas, envoltorios en parques infantiles y puertas de colegios, criticando al mismo tiempo a los profesores delante de sus hijos! ¡Qué podemos esperar, después, de los retoños!

        Pero ahora quería detenerme en una consideración más con respecto a esta tendencia que muchos tienen a ensuciarlo todo. Es el caso de los espacios naturales. De los campos donde solemos ir en los días de asueto, con toda la familia, los amigos, para hacer la barbacoa, tomarnos las cervezas y demás vituallas.


Desperdicios en el Barragem do Caia. Campo Maior


        En las hermosas dehesas comunales de los pueblos, en las orillas de los ríos y bordes de pantanos, en las colinas y faldas de los cerros, en los bosquecillos periurbanos, sentamos nuestros reales, con la pelota, el transistor tronante y nuestro acostumbrado vocerío, compitiendo con aves inquietas, pacíficas cabras, asombradas ovejas, chotos berreadores, observadoras vacas, dejando el recuerdo de nuestra arrolladora presencia: restos orgánicos y basura no degradable que dan testimonio de las costumbres culinarias y vicios variados. Pero lo más lacerante es que muchas veces, los plásticos grasientos, el cartonaje de leche y de refrescos, las botellas de vidrio enteras y partidas… quedan desparramados al lado mismo de contenedores de basura que los consistorios ponen para que no tengamos que molestarnos más que en alzar un poco el brazo y dejar caer las bolsas de desperdicios en su interior. ¡Y ni por ello!


        Además, en muchos de estos lugares depositan incluso mobiliario mayor: frigoríficos, televisores de los de antes, butacones, sillones, muebles de cocina… que cualquier ayuntamiento recoge sin costo a los vecinos, nada más avisarles: ¡qué estéril trabajo y cuanto empeño en hacer las cosas cuanto peor mejor! Eso sí, que a nadie se le ocurra sugerir a los inconsecuentes infractores lo censurable de su actuación, la obligación de no ensuciar el campo, el patrimonio natural comunitario. Podemos encontrar cualquier respuesta, menos un reconocimiento de su mala actuación. “¡Para algo están los barrenderos y los recogedores de basura!”, nos dirán en el mejor de los casos.


        Sí, para eso, y para ir después tras ellos a sus casas, porque allí seguramente harán lo mismo, se supone, ya que somos tan partidarios de considerar como propio lo comunitario. Y lo menos comunitario también, pues muchos campos donde nos aposentamos tienen propietario ajeno, que aún no ha puesto puertas y vallado a su propiedad, por lo que deberíamos estar agradecidos y ser más respetuosos todavía. Vayan un lunes o día después de festivo a estos lugares mencionados: verán los efectos del jolgorio. Y si no hay brigadas de limpieza municipal, vayan cualquier día: la basura crece a medida que los animales no pueden servirse de muchos de nuestros desperdicios para su propio uso, quedando allí como testigos de nuestro salvajismo.


MOISÉS CAYETANO ROSADO
 moisescayetanorosado.blogspot.com

martes, 20 de marzo de 2012

LOS NIÑOS DE LA ESCUELA


        Estamos ahí, tan serios casi todos, que el que sonríe asombra. Solo el maestro y uno de "los mayores", de la fila de arriba, lo hacen de manera distendida. Otro esboza la sonrisa, detrás del profesor; a su izquierda, y un par de ellos más abajo -mirando el más pequeño hacia otro lado- a duras penas la sostienen.

        De los 37 alumnos -escuela de niños solamente, como estaba mandado-, únicamente seis viven en el pueblo, 50 años después de obtenerse la foto. A los demás, se los llevó la emigración de los años sesenta o posteriores salidas laborales. Algunos regresan unos días al año desde su ausencia prolongada; otros no están tan lejos, recalaron en "la capital" y su contacto es más frecuente. Pero esa "generación de la riada migratoria" no deja allí raíces, ni herederos. Tienen, sí, varios de ellos, vivienda para fines de semana y vacaciones. Y piensan retornar tras la jubilación: alguno lo hizo ya; otro reposa en el cercano cementerio; a muchos el deseo se les quedará solamente en el proyecto.

        ¿A son de qué llevaríamos cuatro de nosotros la corbata, vestidos de domingo? No sé si el maestro la tiene también; no lo veo claro, y menos lo recuerdo. Pero es un guiño a una prosperidad más inventada que real. ¡Cuánta necesidad marchó con tantos al mundo soñado de la industria española y europea, desde los campos yermos del sur doliente del país!

domingo, 18 de marzo de 2012


VISITA A LOS FOSOS, GLACIS, FORTINES Y FUERTE DE S. LUCÍA DE ELVAS.


video


La visita realizada en Elvas el sábado 17 de marzo, programada por el Grupo de Facebook “Fortificaciones abaluartadas de la Raya a Patrimonio Mundial” y la Asociación de Amigos de Badajoz, en colaboración con los Grupos “Elvas em Fotos”, “Eurociudad Elvas/Badajoz”, "Estudios Historia de Badajoz", la Câmara Municipal y el Museu Militar, ha sido un éxito.

La Câmara Municipal (Ayuntamiento) prestó una atención extraordinaria, dando  la bienvenida en español y portugués el primer teniente de alcalde, Nuno Mocinha en el punto de encuentro, al lado del Mercado Municipal. Desde allí se giró una breve visita al Puesto Municipal de Turismo donde fueron distribuidos interesantes folletos de la ciudad y su patrimonio monumental, y donde existen paneles electrónicos interpretativos del patrimonio monumental de la ciudad, de gran utilidad didáctica.

Técnicos de archivos y patrimonio municipal fueron puestos a disposición de los visitantes  para ilustrar el recorrido, dirigidos por el doctor Rui Jesuino. El Museu Militar de Elvas, como en otras ocasiones, guió la actividad de manera ejemplar, con la presencia y explicación del teniente coronel José Riveiro y la asistencia de los suboficiales Álvaro Matroca y Manuel Martins, con los que se hizo todo el recorrido perimetral de los fosos y glacis,  incluido el interior del Cuartel de Caballería, adosado a la muralla y transformado hoy en día en Museu Militar (visitado en una ocasión anterior), llevándonos la mañana completa.


Rui Jesuino, por la tarde, fue el responsable de enseñar los fortines de São Pedro y São Mamede, ambos situados a los lados oeste y este respectivamente del Forte de Santa Lucía. A diferencia de la fortificación de la ciudad y del propio Forte de Santa Lucia -que son del siglo XVII-, estos fortines auxiliares -junto al situado al lado del Acueducto de Amoreira, ahora en obras de rehabilitación: de São Domingos- son del siglo XIX. En el siglo intermedio, el XVIII, se construyó el impresionante Forte da Graça, uno de los mayores del mundo y que ya tuvimos ocasión de visitar hace algo más de un año.

                           El guía del Forte de Santa Lucía, José Martins, condujo durante dos horas el recorrido por dicho monumento, sus fosos, murallas, dependencias generales, museo de armas, centro de interpretación, galerías subterráneas y Casa del Gobernador. Las vistas desde sus paseos de ronda a la ciudad son inigualables, y a esa hora -ya de noche- con el conjunto iluminado, especialmente las murallas abaluartadas, resultan especialmente espectaculares.

La actividad comenzó a las 10’30 horas (españolas) y terminó a las 20’30 horas, con un descanso de tres horas para comer a mediodía, que muchos aprovecharon para pasear por el interior de la población y otros para visitar de nuevo el Forte da Graça.

                          Los más de dos centenares de asistentes procedían fundamentalmente de Badajoz y Elvas, pero también venían otros de Lisboa, Porto, Coimbra, Portalegre, Marvão, Castelo de Vide; Olivenza, Cáceres, Mérida, Sevilla, Madrid...



                         Desde la organización, estamos pensando tener el próximo mes una nueva visita. Ahora tal vez sea el destino la fortificación abaluartada de Olivenza. Luego, Marvão-Castelo de Vide, y Valencia de Alcántara-Brozas-Alcántara, para el otoño. Después, Almeida-Aldea del Obispo-Ciudad Rodrigo; Valença do Minho-Monção-Salvatierra de Miño; Monsaraz-Mourão-Alconchel... El objetivo general es recorrer poco a poco todas las fortificaciones abaluartadas de la Raya (desde Galicia/Minho, hasta Algarve/Huelva) tan merecedoras de obtener la calificación de Patrimonio Mundial.

jueves, 15 de marzo de 2012

 
Miércoles, 14 marzo 2012

La calle es mía

Limpieza mañanera en las calles de Coria

Moisés Cayetano Rosado
        La famosa frase de Manuel Fraga Iribarne: “La calle es mía”, pronunciada en 1976, con motivo de una manifestación no autorizada para el “1º de mayo”, ha quedado en la memoria colectiva como una expresión no solamente antidemocrática sino como un intolerable despojo de lo que es un bien común, de uso compartido y libre, algo propio de todos y cada uno: la calle.

        Y si la calle es de cada uno de nosotros, podríamos considerarla algo tan doméstico como nuestra casa, y por ello cuidarla como tal. Respetarla, atenderla, quererla limpia.

        A nadie (salvo excepciones de psiquiatra) se le ocurre considerar un punto de recepción de basuras el salón, el dormitorio, la salita de estar, el cuarto de aseo de su piso, casa, chalet… Y claro, no tira en ellos al buen tuntún colillas de cigarros, bolsas de gusanitos, billetes caducados y troceados de lotería, botellas de plástico y vidrio, cajas de tetrabrik, y no digamos bolsas de basura, escupitajos; ni consiente cagadas perrunas, de esos que alegremente defecan por aceras y portales…

        ¿Y por qué? Porque el piso, la casa, el chalet “es mío”, y no se nos ocurre empuercar lo propio, e incluso presumimos de la limpieza de nuestros muebles, objetos de adorno, suelos brillantes, etc. Entonces, ¿qué pasa con la calle? ¿No se acuerda uno, e incluso no ve en algunos lugares, afanosa vecindad barriendo la zona que corresponde a su frontal? En los pueblos, hace años al menos, cada uno tenía a gala conservar limpia el espacio que correspondía a lo largo de su fachada, barriendo cada día el empedrado primero y luego -cuando se “encementaron” los viales- ese espacio más liso de adoquines, cemento o alquitrán. Con los pisos en vertical desaparecía la “querencia”, pero el encargado o encargada de la limpieza siempre echaban una mano a su ornato y decoro.

        Ahora, es curioso, hasta se puede adivinar muchas veces donde hay un centro educativo… por la cantidad de bolsas de plástico, cáscaras de pipas y restos de bocadillos que hay esparcidos por el suelo (en tanto las papeleras permanecen impolutas, ¡o arrancadas!). Y donde hay más amantes de los animales domésticos, por las deposiciones que jalonan las aceras. O podemos rastrear en donde se aposentan los fumadores, o en qué aparcamientos y semáforos se echan más colecciones de puntas de cigarro.

        ¿La calle es mía, es de todos, individual y colectivamente? ¡Pues actuemos en consecuencia, como si fuera casa de cada uno y no dejemos nuestras miserias y caprichos para los empleados del servicio municipal de limpieza, que deberían estar para lo irremediable de lo arrastrado por el viento, la lluvia, la propia naturaleza, y no esa naturaleza de dejadez y falta de comportamiento justo, razonable y solidario para con todos los demás!

MOISÉS CAYETANO ROSADO
moisescayetanorosado.blogspot.com