jueves, 23 de febrero de 2017

LA RAYA IBÉRICA. DEL CAMPO DE BATALLA AL DE LA EMIGRACIÓN. Y OTRAS CUESTIONES PENINSULARES.

Moisés Cayetano Rosado

Estoy preparando -en medio de otros compromisos que me enlentecen el proyecto- una serie de ensayos que, ensamblados, conformarán mi próxima entrega de volumen “libresco”, que este verano pretendo reciba el último “empujón”. El título podrá ser La Raya Ibérica. Del campo de batalla al de la emigración, al que se unirá alguna que otra reflexión peninsular de historia compartida.
Y sí, es que la Raya Ibérica, desde el inicio de su conformación a mediados del siglo XII, hasta ya entrado en siglo XIX, ha sido un espacio de enfrentamientos fronterizos, de lo que es testimonio presente un patrimonio fortificado de extraordinario valor, construido con el sudor, el esfuerzo, el sacrificio, de los habitantes de un lado y otro de la frontera. Una frontera que sufrió la sangría de los enfrentamientos y que, una vez pacificada, verá esa otra sangría que fue la de la emigración, tan espectacular en el siglo XX y curiosamente de recepción de extranjeros en el despertar del siglo XXI, que se irá adormeciendo con la crisis iniciada en 2008 y mantenida largamente, como lo fue la de 1929 y 1973, impidiendo entonces la prosecución de nuestra hemorragia migratoria de aquellos años.
Me llaman mucho la atención las correrías de los inicios de la conformación de un singular guerrero portugués por la Raia/Raya alentejano-extremeña -esa especie de Cid lusitano que fue Geraldo Sem Pavor-, como me la llaman los levantamientos defensivos en la zona durante la Baja Edad Media, proseguidos en el Renacimiento con nuevas técnicas adaptadas a la irrupción de la artillería.
Y es espectacular el desarrollo de las fortificaciones abaluartadas que “cosen” la frontera, desde Galicia y Minho, hasta Andalucía y el Algarve, pasando por Tras-Os-Montes, León, Beiras y Extremadura. La Guerra de Restauração (1640-1668), la de Sucesión a la Corona Española (1701-1714), la Fantástica (1761-1763), la de Las Naranjas (1801) y las de Invasiones Napoleónicas (1807-1814), marcaron la vida y la muerte en la Raia/Raya, devastándola, arruinándola, despoblándola y… dejando ese testimonio artístico-monumental constituido por fortificaciones urbanas, fuertes, fortines, obras complementarias, que están en la Lista Indicativa del Patrimonio de la Humanidad a instancias de Portugal (antes estuvo en la Lista española, sin el justo y suficiente empuje), bajo el impulso de cuatro de sus elementos más emblemáticos: Valença do Minho, Almeida, Marvão y Elvas (cuyo conjunto fortificado ya es Patrimonio Mundial desde 2012).
Y espectacular ha sido la “huida” migratoria rayana -en busca de trabajo y mejores perspectivas de futuro- a lo largo del siglo XX, especialmente durante los años del “desarrollismo europeo”, de 1960 a 1975, que vació demográficamente esos espacios, ya “sangrados” por las contiendas bélicas y por el proceso migratorio continuado desde mediados del siglo XIX. La media de pérdida poblacional en el siglo XX ronda el 40% de sus habitantes, con la singularidad de ser la cohorte poblacional en edad más activa, tanto desde el punto de vista económico-productivo como de reemplazo vegetativo, por estar en idónea edad reproductiva.
Los focos industriales de ambos países (Lisboa y Porto; Madrid, Barcelona, Bilbao…) y Europa Occidental (Francia, Alemania, Suiza,…) se nutren de habitantes rayanos que “vacían” sus lugares de origen y dinamizan los de recepción, volviendo a sufrir estas franjas rayanas un nuevo quiebro en su desarrollo que con la prosperidad generalizada que surge en occidente al iniciarse el siglo XXI parece cambiar positivamente de signo. Como quedó dicho, la fuerte crisis iniciada en 2008, frustrará las expectativas.
Curioso es ese comienzo del siglo XXI, en que toda la Península en general, e incluso el espacio rayano en particular, asiste a la llegada masiva de inmigrantes extranjeros, algo inédito en toda su historia contemporánea.
Y bien, de ello quiero tratar con cierto detenimiento, uniendo otros aspectos determinantes de la historia común peninsular, para contribuir a dar una idea de nuestro proceso histórico, de nuestros condicionamientos por estar ahí, del legado atesorado en esa Raia/Raya convulsa; del desenvolvimiento tan parejo y que en algunos aspectos parece calcado uno de otro. De esta “costura” decisiva en la  “Jangada de pedra”, “Balsa de piedra”, que escribió José Saramago, llena de amores y desamores, solidaridades y desencuentros, en que flotamos juntos, y ojalá por siempre fraternalmente unidos en nuestra rica diversidad.

Presentados buena parte en diversas “Jornadas de Valorización de las Fortificaciones de la Raia/Raya” (Badajoz, Castelo de Vide, Castro Marim, Chaves, Vila Viçosa, Almeida), en “Seminários Internacionais del Centro de Arquitectura Militar de Almeida”, “Congreso Internacional de Historia y Cultura en la Frontera” (Cáceres), “Congreso Internacional sobre Humberto Delgado” (Badajoz) o en el “VIII Congreso de Estudios Extremeños” (Badajoz), y muchos de ellos publicados en “Revista de Estudios Extremeños”, “Transfronteriza O Pelourinho”, “Centro de Arquitectura Militar de Almeida”, “Callipole de Vila Viçosa”, “Elvas/Caia”, “Memória Alentejana”, “Revista Alentejo”, “Revista Española de Museología”… estos capítulos están siendo actualizados y remodelados para esta publicación sobre La Raya Ibérica.

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